WALTHER ESPINAL
Nació en Medellín en 1980. Realizó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros de poesía “La danza de Narciso” (2009), con el que obtuvo una mención de honor en el XX Concurso Nacional Universitario de Poesía Universidad Externado de Colombia y “El pirata y otros poemas” (2010). En su ciudad tuvo contacto con varios talleres literarios. Sus poemas han aparecido en las revistas Musa Levis, Asfódelo y Punto Seguido.
Correo electrónico: waltherespinal@yahoo.com
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De niño las pilatunas tenían lugar en el cementerio contiguo
había que tocar la última tumba de la galería
con la muerte trepada en el árbol
dadivosa con las travesuras.
Pero vas creciendo y la muerte baja del árbol y se acerca
observa en tu pupila el número.
Después el turno fue para los muchachos
que entraban al cementerio a esconderse temiendo por sus vidas
precipitando el lecho para su cadáver.
El jardín que finge ser el cementerio para los parientes
que nos dejan solos y se dice que perduran
en el recuerdo brumoso.
Aprisa por la orilla de la vida desfilamos al interior de la noche
la muerte con el lápiz retiñendo la lista.
De niño por las lápidas de la galería San Pablo corría
inquieto por el eco
eso mismo que los muertos dejan en mi puerta
en mi ventana donde apenas los entreveo atento.
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12
Escenas de parque navideño
la niña arroja maíz
y en el piso rebotan los granos.
Este diciembre explosivo en los barrios
desde el café el transeúnte observa
las iglesias con huéspedes de espaldas.
Mañana luminosa en que el sol quema
y con tiras de viento
como un papagayo
sigue los pájaros que copulan en espiral.
Los que evocamos y no están
en estos 31 días.
Arriba
en Santa Elena
los ojos de poeta
esplenden.
Diciembre como un gallo
picoteando en la acera.
Escenas de parque navideño
filas para todo
un banco el supermercado la comunión
como un arabesco
como la cola de un ratón
la fila de la gente.
Abrazos para esta despedida Sagitario
las risas vuelan como mariposas
tras la diana
como flechas.
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El pirata
El asiento es para dos
en esta lluvia vespertina
con la ventana astillada en el borde.
El viento dilata
en el vidrio
los reflejos bajo el agua.
Y como un pirata
sin mar nave oro
por mi ciudad trasiego.
El oído despierto dictando doliendo.
Y el bus como una lancha
por donde veo cómo todo pasa.
Pirata a blanco y negro
fotógrafo para las despedidas
de amor en sepia.
Las sirenas vuelven en travestis
y por calles jabonosas
zumban
los pegasos hidráulicos.
La mesa vacía
4 sillas silentes
y la cabeza como un sainete
de colores.
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Pronto
la mirada
tropieza con un punto
donde el gatillo de la memoria
amenaza.
No hay entonces
un rincón de la ciudad
que sobreviva
a la nostalgia.
El dolor ahoga como un nudo.
El pasado es una maleta vacía.
Suficiente atención
y las aguas del amor
de nuevo se abren.
Sin aviso
el pegote de la ausencia
abraza
justo cuando respiran
plenitud
las bestias de los parques.
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Hincha que no entra al estadio
Las lámparas
del estadio
son duchas de luz.
Afuera
el hincha
desprovisto de su entrada
de las voces
que se apiñan.
Recorro con los fantasmas
la unidad deportiva.
Y cuando vivo
el fútbol
mi soledad campea.