Mariela Mahecha BuriticÁ
Nacida en Manizales, Caldas, en 1980. Estudiante de Trabajo Social de la
Universidad de Caldas, técnica en Educación Preescolar. Ha publicado en
los libros “Con la ciudad dormida en la garganta” (2000), “En la paz de
las cinturas” (2001), “Musa levis. Breviario de poesía contemporánea de
Caldas” (2002); en Papel Salmón de La Patria (2003), revista de los
Juegos Florales (2004), revista Musa Levis (2007). Ganadora del primer
puesto en el Concurso de cuento bibliotecas infantiles y juveniles
Confamiliares, categoría juvenil, año 2000. Participó en los encuentros
“Caldense de escritores” y “Con la historia”, en Filadelfia, Caldas en
los años 2004 y 2005. La presente muestra es tomada de “Dos espaldas
para alzar el olvido”.
Correo electrónico:
marielaenrima@hotmail.com
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Todo se cayó, primero tus ojos
y después tus manos
me quedé con tus labios entre mis dedos
y decidí guardar tu piel
en el closet para frio.
Arrastre tus huesos por toda la casa,
enredé las venas por las ventanas,
tome aliento para arrojar el resto a la carretera.
Conservé el cabello para teñirlo con el mío
y enferma de mí, abro los ojos
y te encuentro vivo.
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Dos
Para casi todo, se necesitan dos,
dos espaldas para alzar el olvido
y dos miradas para arrinconar el dolor
y la rabia.
Solos no comenzamos el dilema
y la nostalgia no se dio sin recuerdos,
cuatro manos, cuatro piernas, dos cabezas
complicidad.
Dos se necesitaron para converger
Y dos para extrañarse, dos paras soñarse,
dos para tener sexo y en caso extraordinario
para hacer el amor.
Dos para crear y comenzar ineludiblemente a destruir,
dos para comenzar a ser uno
y uno que siempre busca al otro.
Dos para escucharse, dos para gritar.
Qué graciosos es verse solo haciendo
lo que se hace cuando está el otro.
Dos es más que uno más el otro,
dos es una sola figura que sobrevive
en ocasiones por miedo y en otras por amor.
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Sepa usted
que lo único que está entre mis piernas,
es su ausencia
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Reciba usted
un beso desde el fondo
de mi alma y la caricia
más tierna que pueda yo tener.
Reciba usted
la lagrima más dolorosa
junto con la desnudez
de mi cuerpo nocturno.
Reciba usted
el te amo más sincero
que jamás podré decir
junto con el deseo más arraigado
que no podremos consumir.
Reciba usted
mi mirada más triste,
mis cabellos sueltos.
Reciba usted
por favor este suspiro
y abráceme fuerte
porque le estoy diciendo
adiós.
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Señor,
no me mire más y bese mi senos con sus labios,
apretando con sus dientes mis pezones,
con sus manos buscando la hierba oculta entre mis piernas.
Señor,
no me mire más, acomode mi caderas y tome mi voluntad,
mire mis ojos mientras baja.
Señor,
no me mire más, que ahora ya no es más usted un señor
y yo no soy más una señorita.