CAUCA

 

 

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE
Nació en Popayán, en 1967. Es miembro de la  Asociación Caucana de Escritores. Profesional universitario en Literatura con maestría en Filología Hispánica del Instituto de la Lengua Española,  de Madrid, España. Su trabajo literario ha sido reconocido, nacional e internacionalmente, entre otros, por los siguientes premios: Segundo Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 100 años,  Temuco, Chile, 2004; I Premio Nacional de Poesía Casa Silva, Descanse en Paz la Guerra, (2003); y el  Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá, (2002). Entre sus publicaciones cabe destacar “Los versos de la iguana”, 1999, 2000, 2005; “La segunda piel”, 2004, y la novela “Oscuro por Claritas”, publicada en el año 2000. Es docente de literatura, columnista semanal en diversos medios nacionales e internacionales.

Correo electrónico: valenciacalle@yahoo.com

 

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Conversaciones extrañas

1. CUANDO LA MUERTE SE DISFRAZA
La muerte se disfraza de espectáculo y asiste a un carnaval. La muerte entre ríos de licor y gritos de fiesta se mete a una batalla de flores. La muerte se recupera de su mala fama y se deja acariciar, besar y gritar. La muerte crea mundos con esencias vitales para premiar a los que sueñan, a los que bailan a su lado en hilos de música, de sol, del sudor, de mar.
La muerte de fiesta no se mortifica ni cohabita con el dolor de nadie. No quita esperanzas pero tampoco sirve de salvavidas. La muerte baila sus alegrías y no interroga ni pacta, ni quema para el olvido de las desgracias, ni engendra ilusiones en los desheredados. La muerte no hace promesas con cantos ajenos, ni habla con nadie para que vuelva al latir el corazón de los poetas.

2. POR ESTOS LADOS DEL MUNDO
Por estos lados del mundo nos azota una extraña enfermedad. La otra cara de la melancolía para sorprender a los desconocidos. Una larga nota musical que no nos ayuda a descubrir la crueldad, a enrollar las angustias. Un puñado de difuntos que nos tapiza el pánico y nos llena de brisa triste la sonrisa. El idioma del abandono.
Todos andamos con la carne desgarrada, el corazón lapidado y las entrañas sin misericordia. Con los ojos dorados después de haber visto todos los horrores, los vértigos y desastres que se viven cuando hay una guerra.

3. PARA VIVIR EN EL OLVIDO
Extraños crímenes de guerra se develan por entero para vivir en el olvido. No es la historia la que olvida las mentiras en flor, es la alquimia del alma de este pueblo la que olvida los malos olores para sobrevivir a sus defectos.
Cada olvido es un nuevo principio en los sembrados de hortalizas junto a los cultivos del fracaso.
Hay lugares en el cuerpo de un hombre donde nadie puede llegar para ayudarnos, darnos un consejo, rescatar los afectos, sobrevivir a las alegrías perdidas; o regresarnos al instante previo de la desgracia que nos enluta el alma, los días, y la rabia.
Entonces viene el olvido y de todo se encarga.

 

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Conversaciones difíciles

1. El espanto de la ausencia:
Si mueres en la batalla para salvar la patria de los apátridas, me decía el abuelo, una mujer de vuelo suave te llevará al más allá.
Una hada, una valquiria, un ángel, una hermosa princesa de ojos azules, alzará tu espíritu y te guiará hasta tu nueva morada donde te prodigará alimentos, besos y caricias; al borde de un jardín de melodiosas cascadas de agua, que nunca olvidarás. Y si muero en la batalla, de forma tan perversa y fantasiosa a nombre de la patria, seré el héroe amado de mi abuelo y de todos mis antepasados. No sabe el abuelo que los miedos que me habitan no necesito imaginarlos. Que ya sospecho la muerte, que ya he visto el horror que dejan en el alma los que desaparecen. Que me he desnudado en las noches para ensayar la experiencia, frente a la cama de mi madre.
Que puede más el espanto de la ausencia de mi vida en la vida de mi madre y de las mujeres que amo, que los dones y los placeres que me ofrecen las valquirias sobre la tierra sucia, negra, gusanienta y floreada de los cementerios.
Ignora mi abuelo, que sospecho de la existencia de otras vidas y que no creo que en esta guerra de hermanos idiotas, existan héroes diferentes a los desplazados.

2. En este rompecabezas de país:
En este castillo donde he llorado la muerte de mis parientes. En este rompecabezas de país donde todos los mortales por vanidad hemos asistido a batir pañuelos blancos en la calle. Donde las arrogancias de clase se han ido río a bajo como los cadáveres sin rostro que anuncian en la radio como si fueran muebles a la venta. Donde hemos besado con duda las ofertas de paz como si fueran sueños a medio recordar. Donde todos los modos y formas del miedo se han hecho presentes para mitigar el aburrimiento de los domingos. Donde los vampiros y monstruos de ultratumba nos asuntan menos que los terroristas o las elecciones populares. En este castillo donde he llorado la muerte de mis parientes y aúllan las pesadillas de mis días, escribo con sangre un puñado de cartas a los poetas en busca de la solidaridad perdida, de la conciencia extraviada.

 

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Conversaciones alucinadas

1. Somos víctimas más allá del rostro, de la noticia, del espejo, de lo que parece. Víctimas de los espantos sin nombre, de los cantos del demonio, de la curiosidad de los santos, de la incapacidad de las moscas, del horror de la limosna, de la lluvia de consideraciones, de los juicios laberínticos.
Somos tragedia, relatos con olor a gladiolo y tierra podrida, nombres indeseados en las noticias del almuerzo, un escándalo para unos, una suerte de historia con subtítulos para otros. Somos víctimas más allá de la jungla de mujeres desnudas que nos acosan en vallas y periódicos, de las estadísticas fantasmales, el maquillaje de las desgracias, la salud de los unicornios.

2. En un país donde la poesía no es tan esencial como el pan, ni tan cotidiana como el ruido de las metrallas. En un país donde el hambre sale a las calles en busca de un dolor más lírico y menos perfumado. Donde las metáforas del malestar se olvidan con las imágenes de bellas mujeres en la televisión. A uno le dan ganas de distraer el horror horadando batallas de resistencia por la cacería de ballenas o la tala de árboles de guayacán. Vivir en el extranjero, calmar a carne viva el miedo punzante con himnos de iglesia, sembrar con cuidado las ilusiones en jardines estériles de un poema. Ser menos metafísico, más esencial, menos oral, más valiente, menos distante, más lúcido, menos palabra, más digno. Pero el miedo, el miedo que no es fantasma y galopa entre nosotros como un ser de carne y hueso no deja fluir, ni respirar, ni soñar, ni ser más.

3. El teatro de la vida mirado a través del espejo. Es el de un hombre sentado que se aguanta la hediondez de las fosas comunes donde han enterrado a sus vecinos y no espanta los buitres que le despeinan la indiferencia. La sangre de los condenados a muerte y el grito horroroso de los inocentes salpicándole  el silencio cómplice, es la alfombra que lo transporta. Veo un hombre que pinta fantasmas cuando pinta su autorretrato. El palpitar de un corazón helado y descuartizado por la duda, sin fantasías para escapar. Un tullido buscando un lugar en el mundo, una rueda suelta donde reina la apatía, un poeta vacilante.

He perdido todo
Beber atragantarme las calles
Desde afuera la ciudad
La ciudad bulle
La boca inmensa de la calle