CALDAS

 

 

JULIO CÉSAR CORREA DÍAZ  
Bucaramanga, Santander. Poeta y dibujante. Licenciado en Español y Literatura. Especialista en Docencia de las Ciencias Sociales. Docente de la Universidad Católica de Manizales.
PUBLICACIONES
-“El altar de los oficios”. Poesía breve. Manizales, 1999
-“Sociedad de los poetas”. Libro colectivo. Editorial Cuarto de Máquinas. Bucaramanga. 2000
-“Auto-retrato con girasoles”. Poesía. Manizales. 2000.
-“Nuevas voces de fin de siglo”. Antología de la poesía colombiana. Epsilon Editores. Bogotá. 2000.
-Incluido en la “Historia crítica de la literatura de Caldas 1967-1997”. Editada por la Universidad Caldas. 2003, a cargo de Roberto Vélez Correa
-“Mientras la tarde pasa”. Cuadernillo de poesía. Manizales, 2004.
-“Bajo el sol de marzo”. Premio Nacional de Poesía “Carlos Héctor Trejos”, Riosucio, Caldas, 2004.
-Parte del trabajo en poesía ha aparecido en periódicos y revistas del país y del exterior.
-Ensayos y reflexiones aparecen en el Magazín del periódico Vanguardia, de Bucaramanga.
RECONOCIMIENTOS
1985.  Mención de honor en el concurso nacional de poesía José Félix Fuenmayor. Barranquilla.
1989. Ganador del Concurso Interno de Poesía, organizado por la Universidad de Caldas. Oficina de Extensión Cultural.
1997. Ganador V Concurso Nacional de poesía Julio Cortázar. Bogotá.
1997. Ganador V Concurso Nacional de poesía Ciro Mendía. Caldas, Antioquia.
2004. Ganador III Concurso Nacional de poesía Carlos Héctor Trejos. Riosucio, Caldas.

Correo electrónico: julcecod@yahoo.com

 

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El fuego de los años

Coles y ajos en el jardín de la abuela.
Un sol escrito en la ventana
apenas calienta la limonaria y el cidrón.
Un viejo árbol aún sopla en el verano.
Revuelve con tus manos la tierra
que agradecida te devuelve el tiempo
para que sigas caminando
sobre el lento fuego de los años.

 

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Un árbol grande

La tarde es un alto muro de barro
donde suelen venir los muchachos
a presumir de hombres,
a hurgar pliegues y oscuridades.
Desconocen que detrás del muro
hay un árbol grande que cuenta historias
mientras reparte frutas
y mientras ofrece su sombra,
el regazo de su sombra
a la más lasciva de las muchachas.
 

 

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Cena con clavicordio

Una mano atrapa el color blanco
para que el día disfrace su indiferencia
La lengua   en cambio deja
que el mundo sea ese magnifico animal
que se oculta detrás de las puertas
para que en cada casa crepite   lento   el fuego
que habrá de calentar las manos
que se frotan
como cuando la mesa está dispuesta
Sin más cubiertos que las manos
la noche escancia su vino dulce
mientras alguien hace sonar
el suave clavicordio de las palabras.

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El pincel embriagado

Ahora se sabe. El arco iris fue la paleta de Marc Chagall y el lienzo del cielo, el gran fondo sobre el cual pintó disputándole a Dios el derecho a crear, al tiempo que se embriagaba de belleza y remojaba la barba de su pincel en toneles de vino. Y mientras dios ordenaba, Marc Chagall desordenaba. Cuando dios dijo que se hiciera la luz y creó el día, Chagall pensó en la noche y la pintó con rostro de mujer. Ahora se sabe. Dios, ofendido con el pintor inventó el trabajo como castigo para el hombre; pero Chagall, fiel a sus principios, respondió pintando el ocio y el amor y lo hizo en medio de una gran carcajada.

Ahora, después de mucho tiempo, no se sabe quién es quién. Lo único cierto es que cuando sale el arco iris, lo más seguro es que Marc Chagall esté orinando desde el cielo.

 

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Eisntein en la cuerda floja.

Una gran carpa llena de retazos
es el cielo;
una tela que es recogida
por el dueño del circo,
—un viejo buhonero—
para ser llevada al lugar
donde el mundo
es una pequeña bola de color
en manos de un malabarista,
el mismo que juega a los dados
con el universo
mientras Albert Einstein
baila un fox-trop en la cuerda floja
-el número más aplaudido-
Aunque 300.000 kilómetros por segundo
en una Harley Davidson
es una buena razón
para que el circo de la vida
no sea más que una sonora carcajada.

Lo demás es relativo.