META

 

 

JOSÉ VICENTE CASADIEGO LEÓN
Escritor, poeta e investigador cultural. Aunque nació en Facatátiva, Cundinamarca, en 1959, desde los 5 años se radica en Villavicencio, Meta, con su familia.
Miembro fundador del taller cultural Llano Abierto, subdirector de la revista cultural Entreletras y de Oriente La Revista. Miembro del consejo del Fondo Editorial Entreletras. Publicó con otros autores el libro “Umbral de lunas”. Ha publicado los cuadernillos de poesía “Percusiones del oboe”, “El silencio de la luciérnaga”, “Amigo lector no busquéis al autor” y “El equilibrio de ser bueno”, con un tiraje de 21.000 ejemplares. Leyenda de antiguos caminantes. Su última publicación fue el libro de textos poéticos “Cantos del desterrado”. En 1991 obtiene el Premio Nacional de Poesía, convocatoria realizada por el Sena.
En 1991 funda y dirige el taller de escritores Árbol Ávido. Dinamiza desde 1998 talleres de creación, producción e interpretación de textos literarios dirigidos a estudiantes, profesores y directivos docentes, también seminarios de actualización en política, administración y gestión cultural.
Miembro y presidente de la junta directiva del Fondo Mixto de Promoción de Cultura y las Artes del Meta, 1999-2002, 2005; director ejecutivo de la corporación cultural De Regreso a Ítaca; consejero nacional de literatura del Ministerio de Cultura 2005-2007; formador de formadores del proyecto Mil Maneras de Leer del Ministerio de Educación Nacional y del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe; presidente de la Asociación de Escritores de la Orinoquia. Diplomado por la Universidad Central en Creación Narrativa, en el año 2006. Los poemas que se publican son tomados de "Cantos del desterrado".

Correo electrónico: poetacasadiego@hotmail.com
 

 

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Las noticias de la lluvia aún son más tristes

Te contaré algo terrible: soy poeta
y padezco la ternura de las cosas.
Es muy duro ser poeta, madre
Eduardo Cote Lamus


Madre
ellos se han apostado
en los almendros de la noche
para que no los vea

En el día ocultan su enojo
con una sonrisa
van al pacificador
y por pocas monedas
compran mi suerte

Maldicen con buenas palabras
cuando otros pronuncian mi nombre

Madre
esta tierra es de bárbaros
con sus voces me quieren herir
y lo más triste
mi corazón atribulado
aún los convoca a la mesa

Desde allí
arrojan mis pobres palabras
al peñasco

Madre
estos hombres sienten una profunda herida
cuando escuchan mi voz

Por eso
las noticias de la lluvia
aún son más tristes

Como el pan
amasan la cicuta
con la navaja de Buñuel
buscan mis ojos
ultrajan el sonido y la música
se burlan de los signos y de las metáforas
se niegan a beber
la poesía de mi vaso
ubican mi canto en una brújula extraviada
poseídos del aliento de la pólvora
rompen los cristales
y siguen campantes como si nada pasara

Por eso madre
las noticias de la lluvia
aún son más tristes
 

 

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Facilidad de presagios

En el interior de esa casa
habitada con cariño por los días
el niño como un cielo amenazado
aviva el fuego y la mañana

Afuera
caminantes ligeros detienen sus pisadas
abusan del paisaje
de la tranquilidad de los arbustos
y de la dignidad de las muchachas

Con mensajes de condolencias
las alforjas intimidan los vientos
y se llevan el color alegre de las corocoras

Ausentes de luz —los visitantes—
acoquinan las tinajas
visitan las alcobas
y acaban con sorpresa
la natural inocencia de los ángeles

Horas más tarde
no existe la casa
y el niño que avivaba el fuego y la mañana
jamás volverá a creer en las palabras

La corriente del río en estampida
inundará los bosques de espinas y raíces

Así
su sangre en busca de venganza
 

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La poesía padece una gran enfermedad

Ya no viene
ya casi no visita la casa de sus padres
poco sale a recibir el sol
no enseña su mueca sonrisa
a los viajeros

Su mirada intacta
deja huellas en el piso
como aquellas cuchilladas
de los viejos fantasmas de la muerte

Ella
está desahuciada del curaca
se va
digo yo
como una condenada sin escapatoria
a la pureza del delirio

En invierno iza su banderita raída
para sorpresa de los extranjeros
como una perra famélica
recorre las calles del suburbio
solicitando colillas de cigarro
y aguardiente fresco

Sus amantes la han abandonado
el misterio
con su capa negra y su hedor a podredumbre
no ha vuelto a acariciar sus leves manos

La metáfora dejó de ser su amiga
y ahora viaja con desconocidos
a los peligrosos bares de la muerte

Como si fueran palomitas de maíz
en silencio
recoge las palabras olvidadas por los amantes
con ellas construye un armario
y deposita allí
sus viejos vestidos
sus zapatos de charol
las fotos de sus hijos mayores
y el sueño desorbitado de todos los poetas
 

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Pasos secretos de los desterrados

Después de las advertencias
de las malas intenciones
y amparados en la noche —amiga secreta que los cubre—
se acelera la marcha
y la caravana de ángeles
se despide apresuradamente de los animales
de los trastos
y de la abuela
que suplica sollozando que la dejen

En la pequeña maleta
Renata descansa sin un ojo
su corazón de trapo dolorido
advierte la tristeza
y los pasos ligeros de la niña

Se quedan los zapaticos enterrados en el barro

Y la abuela —sola— recostada al árbol
se desgonza y entrega al mundo
el último de todos los suspiros

Tiembla la tierra

Dios derrama la última gota de sus lágrimas
 

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Poeta en el silencio de la noche

Mientras el poeta medita en el silencio de la noche
el palacio en algarabías
se abre al séquito de invitados
que reparten la última túnica
y las monedas de las que se han apropiado
para adquirir vírgenes
que adoban con sus mejores vinos

En el frenesí de la fiesta
les manosean las tetas a las diosas
les suben las faldas a las secretarias
y les roban el pan a los mendigos

Por eso se escuchan
ráfagas en los montes
el morichal se alza contra el aire
la mañana le coquetea a la muerte
y el canto de los pájaros
avizora la visita de demonios clandestinos

Se arma la trifulca
y aparece el sonido multicolor de las espadas

El poeta en el silencio de la noche
también desenfunda su ira
y levanta la multitud medio dormida
para incitarla a que apedree
a los traidores moradores de villas y palacios

El poeta en el silencio de la noche
es un insurrecto de la palabra declarado
que le anuncia el amor a las espadas
y consume fuego ardiente
para expulsarlo luego como lava

Su canto —con ellos— no es un pacto de alegría
ni el abrazo del mejor de los amigos
el poeta también derriba a los traidores
se arma de palabras puntiagudas
para clavarlas en el centro de los pechos

Al poeta en el silencio de la noche
lo siguen los incrédulos y los inocentes
los vagabundos y los menesterosos
lo despiden los guerreros
y lo apoyan los habitantes del lugar de los desquites

El poeta en el silencio de la noche
cojea y sangra pero llega
le acompañan en su itinerario
los desquiciados los habitantes de la venganza
los salteadores de caminos
el clarín de la batalla
y una hermosa mujer vestida de harapos

¡Debe ser la poesía!

Van con él todos los santos del infierno
el traficante de sueños
el titiritero ebrio el escultor maldito
el pintor alucinado
el músico triste
y la alondra tuerta que acompaña su canto

El poeta en el silencio de la noche
quiere un duelo a muerte con la muerte
por eso
a esta hora
aparece el sonido multicolor de las espadas