NORTE DE SANTANDER

 

 

JÉSSICA PAOLA ORTIZ LEAL
Nací en San José de Cúcuta en 1989, en el seno de una familia toledana y emprendedora, desde muy pequeña sentí el gusto por la narrativa dibujando historietas que luego obsequiaba a mis amigos. La poesía se encontraba dentro de mí, pero aun así no había hallado salida, hasta que en secundaria, por el trabajo con una maestra de literatura, escribí mi primer poema dedicado al aborto; ni siquiera después había notado que me estaba expresando al máximo, como busqué hacerlo siempre. Desde esa época, inicié un trabajo arduo por evolucionar como escritora, las lecturas y las experiencias como poeta han sido esenciales para dicho crecimiento. Actualmente estudio Comunicación Social en la Universidad de Pamplona, en su sede de Villa del Rosario. 

Correo electrónico: jecoko@hotmail.com

 

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Querida María

Querida María…recoge tu cabello,
cúbrelo con el sombrero de paja.

Lleva los brazos cruzados,
para disimular la firmeza de tus senos que se retuercen
entre las vendas donde los adormeces.

Enmudece tus labios, ciérralos,
calla tus sudorosos dientes,
apaga tu risa, encadena la sensualidad de tu lengua.
malgasta y esfuerza tu voz,
para que olvide la agudez con que nació.

Decolora tu piel,
carboniza su suavidad.
rasguña las paredes de ladrillos,
deja que sangren tus dedos, que sean lánguidos como los de tu abuelo.

Permite que crezcan tus cejas,
que se hagan una sola,
de manera que escondan la gracia de tus ojos y la mentira tras ellos.

Oculta a tu hijo bajo tus axilas,
sella sus labios, para que pierda el llanto entre la multitud de la plaza.
Convence sus oídos, que no trague lo que dicen de su madre.

María…orina de pie, así no sentirán la fertilidad en ti,
ni la riqueza en medio de tus piernas.

Anula tu nombre y todo lo que tenías con él.
Olvida a María…
reviste tu huella, abrígala en la suela de tu bota.

Borra el pasado, el martes, el cielo, el vestido azul,
las guerras de almas perdidas en avionetas que sobrevolaban tu atractiva espalda.

Tolera la poesía, que ahora es de otro….
el trago que bebes frente a sus amigos…
la mueca…casi sonrisa, para agradar,
la detestable tierra que labras sin sentido,
el cielo ausente,
el grito silencioso de la lluvia, sus gotas ásperas
como la lengua de la vaca en el granero,
que da leche sabor a sal y crueldad.

Recuerda, María, cada noche, antes de dormir,
arrullar la callosidad de tus manos,
los poros marchitos,
las venas quebradizas,
la sangre espesa,
el ser que yace en tu cama, en tu almohada…

Acuérdate, de tomar su mano,
de arropar sus miembros helados,
de orar por su mirada perdida bajo sus parpados quemados,
por recuerdos de mañanas sin sol.

Recoge su cabello olvidado en las sabanas,
la escama en la cabecera remuerde su conciencia,
victima del tiempo y de la acostumbrada posición en aquel lecho,
boca arriba…
en el rincón…
junto a la pared que abofetea el calor del horno para el pan de ajo agrio
que comes al desayuno en la mesa de luna,
en la mesa de días especiales…

Basta María, no llores,
deja de gemir junto al lavabo,
aun te escucho…

Ellos, te podrían escuchar, mi querida María…
 

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Boca de hielo

Boca de Hielo sobrecoge mis labios,
calcina mis mejillas,
congela la memoria decolorando infamias pasadas,
ruboriza mis partes, de noche siempre tropical,
enfría mis sentidos, camaradas inquietantes al rostro de tus posaderas,
esclaviza a tu espalda las heladas manos, entusiastas cortesanas de busto pordiosero.

Yacen en las calladas sábanas de la cama heredada por la abuela religiosa, el erotismo de los brazos consumidos y el arrumaco de las piernas confundidas.

No duermas, mientras te toco,
no asesines a tu miembro abandonándolo en desaliento,
jamás masacres la secreción,
espera…
no mueras mientras te hago el amor.

El reloj apurado, roba el apego de la noche a mi vergonzosa huelga,
aun cabalgando tu sexo, rechazo las condolencias de los mulos frustrados.

Momia de mis orgasmos,
ni mi nariz, ni mis poros olvidan el olor de tu sexo…esencia a calor,
a penetraciones guardadas en lo mas profundo de la imaginación,
extracto natural, dulce transpiración,
suspiros armónicos,
sinfonía celestial,
golosina maliciosa.

No mueras mientras deshonro tu alma,
no agonices en el robo de tus entrañas cansadas.

 

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Coraza

Duele el alma, sufro la embestida de agujerazos con fuego,
la coraza en el pecho, que inventé en abriles de encierro,
la circulación, lenta e imprudente, lánguida y alejada como el deceso,
presiente el fallecimiento del moretón en la piel.

Extravié la fe, en el mar, en algún pajar o en mi bolsillo,
olvidé su rostro en la noche, en la vigilia de dolor,
abandoné su morada, aparte de mi memoria el camino de regreso.

Se despidió con el abrazo del tiempo, hipócrita y extraño,
como apretón entre puñales,
desamparó su existir en la caricia cómica,
la mojigata, rechifla mi ser,
como al bufón sin sonrisa.

La cobardía inmoviliza la conciencia, se adueña de ella, viola su nobleza,
escabullida en el frió de las sábanas, mojadas en lamento,
choca con la coraza,
la armadura en mi pecho,
manosea su sedosidad,
roba la exquisitez de su pureza,
usurpa la creencia infantil.

Desierta está, despoblada su razón,
sólo queda, el gemido de lágrimas estranguladas y el grito silencioso en soledad.

 

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Lugar de olvido

Verde moho es la casa del olvido,
donde he dejado mis recuerdos de ti,
los besos, las palabras, tu mirar,
esperaba tu llegar.

Humedad olorosa acompaña sus pasillos,
invadidos de versos tristes,
rima simple,
adjetivos traicionados.

Vivo esta el polvo que abraza sus paredes,
lleva consigo las huellas de mis manos,
y el olor de la ausencia.

Fuerte, es el tejido que opaca el retrato,
ahora, nido de la araña entrometida.

Detrás de la seda incolora,
aun puedo ver tus ojos,
pero no tu sonrisa.


Verde moho es la casa del olvido,
donde he dejado los recuerdos de ti,
humedad olorosa acompaña sus pasillos,
¡Vivo, está el polvo que te abraza!

 

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Ascetas

Bajo el trono de la luna,
amarilla es la tierra.

Húmedas son las raíces,
de los viejos árboles.

Oscura, es la compañía,
entre los arbustos.

Sensuales, las ondas,
en las aguas del río

Asceta, en búsqueda,
medito,
encuentro,
pienso.

La soledad se dio cuenta,
y ahora duele.

Quiero nadar desnuda en tu sangre,
soy prisionera del aire, de tu aire,
poesía que dice lo indecible,
pureza en pecado,
calor tras hielo.