JAVIER BOSH FOSSI
Nacido en Cúcuta en 1963. Comunicador Social. Postgrado en Teoría, Métodos y Técnicas de Investigación Social. Magíster en Comunicación y Semiótica. Ha sido codirector del suplemento cultural Azagaya de El Diario de la Frontera y conferencista en calidad de musicólogo. Docente universitario. Dirigió por 10 años el Cine Club de la Universidad de Santander. Actualmente coordina el Cine Club UFPS. Se desempeña como docente en el área de humanidades en la Universidad Francisco de Paula Santander y en la Universidad de Pamplona.
Ha escrito los libros de poesía: “Comienzo de mundo” (1994), “Del círculo de nuestras vidas” (2001), “Hora sagrada del mundo” (2004), “Olor de luz y abismo (2005)”, “Ante tus pechos como nubes” (2006), “Visones” (2007, finalista en el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus).
Correo eléctronico:
________________________________________________________________________________________________________
Comienzo de mundo
Yo desanduve solo el terrible camino
para llegar al punto del origen donde acaso
aún podría encontrarte
José Ángel Valente
No recuerdo exactamente.
Sólo añoro los brazos hirvientes,
la emoción de sentirnos pasar un río
dulce hacia el día más iluminado
y aquellos sonidos y el temor juntos
alcanzados por la sombra y las noches.
Ahora llamamos así a todo aquello.
No recuerdo si te veía distante.
No recuerdo el definitivo encuentro,
si el mar frente a la orilla,
sobre el alto acantilado ver planear la mirada,
aquella llama tronante sobre el gran árbol
acaso tu sangre.
Oigo el simple rumor de aquellos días.
No recuerdo
más el esfuerzo
cuánto tiempo faltó la palabra,
por cuánto temblor cuánta dicha.
Por último,
si entretanto te volví a ver
poseída en los ropajes de la luz.
Si te arrancó primero el asombro fiero
de la soledad.
________________________________________________________________________________________________________
Natura
Nosotros los de la raza del placer árabe
Jim Morrison
Si hay tanto por hacer abrázate a un arbusto,
abrázate,
acaso percibas un batiente profundo
abrazado mientras el leve ramaje crece
y algo ves hacerse en naturaleza.
Abrázate a un arbusto en la angustia
si hay tanto por hacer
en una piel,
en un papel,
algo más duro
en el instante que avanza.
Ahí están las ventanas para que intentes.
Abrázate
si algo aún no haces
que sientes
ahí (muy cerca).
La naturaleza avanza y no progresa,
se mueve en calma
tormentosa,
profunda hacia algo.
La tierra que gira silenciosamente
con un susurro,
vértigo dulce,
envolvente,
la enorme nave de los locos va
por el espacio cambiante.
La enorme nave del mundo,
la nave noble sin un ancla
se mueve.
Abrázate en lo inmenso y ve alrededor
sin salida (en este espacio)
abrazado a ti mismo allí.
En el relámpago tras el relámpago,
la idea tras la idea
junto todo hacia los puntos de esta tierra,
abrázate a un arbusto en este tiempo;
a su nervio puro y detallado.
Así abrázate,
aléjate de nada en ese mirar lo transparente
enorme
que ilusiona,
angustia allí
en lo profundo.
Esto avanza con un rumbo abierto
y tú vas abrazado en un centro.
En un henchirse repentino de la vida
en ese arbusto izado (ahora bello)
la vista extensa.
Tu eres tan sólo el estremecimiento
que se forma,
que agita
y después desaparece.
________________________________________________________________________________________________________
Caminos
Todas las cosas del mundo
llevan a una cita o a un libro
Jorge Luis Borges
Todas las cosas vuelven
a contar con uno.
Nada es definitivo más que el retorno.
Son los pasos que han ido,
son los vuelos que se han visto,
Son las señas del amor que se recuerdan.
Todas las cosas vuelven
a contar con uno.
Sobre las secuencias imperceptibles de las piedras
cada piedra semejante es el retorno.
En cada gran peñasco está el tigre,
hay un águila que mira alrededor
la dificultad en llegar.
Porque
todas las cosas vuelven
a contar con uno.
Todo ya viene en camino,
es tránsito de naturaleza por el tiempo;
el tiempo arena de las ciudades rebeldes
que se revientan constantemente
sobre la hierba.
Ya vuelven todas las cosas.
Está en transcurso ante todo el acto libre.
No conduce el pie humano al elefante,
no conduce la mano humana al arado,
no conduce figura humana ninguna
de sus ruedas.
Todas las cosas vuelven
a contar con uno.
Se estrechan y atraen.
Dirigidas van hacia las despedidas,
dirigidas van hacia el retorno.
________________________________________________________________________________________________________
Abismos
No se puede escapar más
que hacia arriba.
André Gide
Temporalmente están en las orillas las rocas
para quien quiera se siente y contemple,
el puente mecido contiene la doble provocación del vacío,
el río poderoso que nace y baja desde cimas
logra entre grietas sostenerse mientras pasa.
El amor es lo que ante todo mejor se desfonda.
Hay que saber que el abismo de la tierra
desliza bajo el abismo del cielo.
No hay imperio seguro.
Con el anhelo va en vertical cada avance
y cada nudo que se deshace arroja ante sí más espacio.
Vista es la hondura en lo alto.
De pie en todo el susto en el fluir de los árboles
el abismo que penetra en el cielo.
Sirve al iniciado tenderse
de espalda ante toda la hondura
y ver el agarrarse rodante de frutos.
Abierta cae la mano hacia arriba y
pasa la altura silenciosa entre ella,
cae el hielo desvanecido y cae el fuego
más azul a ese abismo.
Es lo humano en medio de la profundidad
de la tierra y el cielo,
entre el abismo del cielo y la tierra aferrado
tan sólo a su nombre;
doble naturaleza dado lo aéreo y terreno,
la sensación plena en el grito.
________________________________________________________________________________________________________
Paraíso
Las dichas se posan sobre nuestras ramas
gorjeando en alta voz y cantando con dulzura
William Blake
Preguntamos dónde duermen los pájaros.
Porque sabemos que están en los árboles
ante las ramas deslizamos el cuerpo,
miramos arriba hacia el fondo del cielo.
¿Dónde duermen los pájaros?
Miramos hasta encontrar un plumaje,
acurrucados los cuerpos hombro con hombro.
En el árbol se aprecia cuando sueña el pájaro.
Ese sueño no tiene cabeza;
frutal puro centrado en el corazón caliente.
En el color seguro del paraíso un gorjeo;
sueña el pájaro,
en ese momento el árbol se mece
desde el origen para cuidar ese sueño.
En la arboleda antes que una serpiente
sueña una bella mano
que le pone entrecubierto en el árbol
mientras con sueño se le mira dormir.
Silencio cuando duerme el pájaro;
abrazo de plumas.
Viene el sonido ya con su pecho de fuego.