META

 

 

JAIME FERNÁNDEZ MOLANO
Escritor, periodista y gestor cultural. Redactor, corrector de estilo y editor.
Nació en 1960. Reside en Villavicencio desde 1966. Ha publicado los libros “Umbral de lunas” –con otros autores– Extensión cultural del Meta (1984); y bajo el sello de Fondo Editorial Entreletras, los títulos: “Mis muertes” (relatos breves) 1999, “Filo de ausencias” (poesía) 1999 y “Otras geografías” (periodismo literario) 2001. Es coautor del libro “Bitácora de los talleres literarios en Colombia”, publicado por Mincultura en el año 2000. Libros inéditos: “Arte en la Orinoquia” (ensayos) y “Náufrago de arena” (poesía). Sus textos han sido publicados en el Magazín Dominical de El Espectador, y en las revistas nacionales Casa Silva, Golpe de Dados, Ulrika y Puesto de Combate, entre otras.
Ha sido periodista del diario El Espectador (1991-1996), director de las revistas Oriente (1991-1995) y Entreletras (1981-1989), y de los programas radiales de cultura Ateneo (Emisora Radio Cinco –Grupo Radial Colombiano–), Fin de semana (Radio Macarena – Todelar) y Viernes Cultural (Voz del Llano - Súper), en Villavicencio.
Ha dictado talleres de periodismo, literatura, lectura y de manejo del idioma, en diferentes instituciones oficiales y privadas y en centros educativos de bachillerato y universitarios.
Fundador y director de la Corporación Cultural Entreletras (1981-2002), y fundador y codirector del taller de escritores del mismo nombre, (1981 hasta la fecha). Como director del Fondo Editorial Entreletras ha publicado más de treinta libros de poesía y narrativa de escritores regionales y nacionales. Cofundador y primer presidente de la Academia Villavicense del Idioma Español (desde 1999). Director de veintiuna versiones de los diferentes encuentros nacionales e internacionales de escritores y festivales nacionales e internacionales de poesía realizados en Villavicencio entre 1982 y 2006. Coordinador regional de la participación cultural y literaria del Llano en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, desde su creación hasta la fecha. Cofundador de la Red Nacional de Talleres Literarios (Renata) del Ministerio de Cultura.
Realizó estudios de Comunicación Social, Universidad Externado de Colombia (2 años, sin título), Bogotá, D.C., 1980 – 1981, y un año de Sociología, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C.
Ha sido invitado especial, como conferencista, tallerista y lector de textos a eventos regionales, nacionales e internacionales, en más de veinte ciudades del país, en los últimos 27 años. Ha sido jurado departamental y nacional de diferentes concursos literarios.
Actual columnista del periódico regional de El Tiempo, Llano 7 días.
Recibió mención especial en el Concurso Internacional de Cuento Breve de Calarcá, en 1985. Ganador del premio Gestor Cultural, en 1999.
Actual gerente del Fondo Mixto de Promoción de Cultura y las Artes del Meta.

Correo electrónico: entreletras2@yahoo.com

 

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Cantor

El cántaro que resbala de las manos del muchacho
se hace trizas
y surge una extraña música de ensueño

Dicen que al romperse
escapó el espíritu del cantor

Desde entonces
las manos del muchacho y sus labios y su pecho
les sirven de refugio

Su voz y sus canciones
habitan cómodos su nuevo cántaro
de carne y hueso.
 

 

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Manual de instrucciones I

(Texto encontrado en el cajón secreto de una Brigada)


No basta la daga.
Su empuñadura debe estar provista
de una mano

Y no es suficiente.
Se hace preciso que por sus venas
corran ríos de odio

¡Ah!, y que en la mente que mueve esa mano
exista la firme convicción
de que su oficio se hace por honor
por la reputación de un nombre
por la defensa de la patria.

No basta la daga.
Debe contar con hombres
que envuelvan en seda tricolor
este perfecto símbolo del poder
que hoy nos habita.

Y deberá mostrarse al enemigo
—con el líquido aún fresco que recorre por el limbo de su hoja—
con orgullo y mano firme.

De nada sirve la daga
si no hay argumento que le permita
vivir una vida útil, plena
y llena de empeño en el futuro de su patria.
 

 

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Oración en la resaca

Para mis amigos.
Los que habitan aquí,
y los que partieron al infierno, al purgatorio o al cielo que soñaron.


Que este infierno que padezco
purgue mis penas.

Que la llama que se acerca
me devuelva al tibio arrullo de los dioses
antes de seguir quemando
sobre la carne viva de mi cuerpo
ese infesto mundo de pecados.

Sé cuánto he caído
y cuántas veces
y de qué manera.

Sé que no merezco más que un retazo de piara
dónde revolcar el propio peso de mi desdicha.

Veo ahora ese mundo de miseria
que he construido

Yo, que sólo quería rescatar
un atisbo de paz
que permitiera hacer florecer en mí
ese cielo esquivo que tanto busco…
 

 

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Esos días

Amo esos pequeños momentos
en que somos frágiles y
dulces

sin sombras
sin angustias

Sin culpas ni pesares

Sin el afán del nuevo día.

Amo esos momentos
en los que
el olvido se encarga de mi memoria.

Días esquivos y felices.
 

 

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Ruta 57

El tren
que parte hacia el olvido
ya no busca pasajeros.

Se ha instalado de nuevo
en los parajes de la ausencia.

En la memoria colectiva
sólo habita
el chasquido amargo
que anunciaba su partida
y la imagen fotográfica
de una estela brumosa
perdida en el umbral
de la nostalgia.

Sólo eso
y la palma diluida
de una mano
que se bate en el adiós.

Esa palma. Esa mano.
La del último pasajero
que partió
hacia el olvido.