FELIPE AGUDELO HERNÁNDEZ
Manizales,1988. Cuentista y poeta. Cursa estudios de Medicina en la Universidad de Caldas. Realiza una intensa labor como promotor de actividades relacionadas con la difusión literaria de su ciudad.
Correo electrónico: meminher@yahoo.com
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Renacimiento
Finalizo diciendo que todo fue más que aire.
Para concluir el precoz instante
en las habitaciones del demonio
o en las bullosas avenidas,
fui condenado sin apelación ni testigos
al verdadero infierno.
Y era la lentitud y el silencio
y el olor frío del mineral
el camino al infierno.
Después de muerta la voz
el alma queda quieta y tendida
entre las llamas y el olvido.
No nos reciben desnudos,
no nos admiten sonrientes,
nos devolvieron del infierno
por falta de pecados.
De vuelta al mundo,
a la habitación del diablo,
de vuelta al destierro sin destino.
Hay que besar más pieles,
hay que romper silencios.
Inexorable y sin excusas,
el demonio gélido y solitario,
nos devolvió del infierno por falta de pecados;
trepando por terrenos abisales,
por nubes y senderos que traza el rayo.
De vuelta a la tierra,
al infierno solapado.
Y felices por la prolongación
de este embarazo terrestre
volvemos para roer los labios,
para negociar las almas,
para regalar los actos,
volvemos para merecer la muerte.
Reinicio diciendo que todo fue más que llamas.
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Poeta empuña la mano
y escribe sobre el papel
como si fuera la piel
de tu enemigo o tu hermano.
La gente te llama vano
si no ocupas su memoria,
pero escapa sin euforia,
ante tus letras herido,
el casi implacable olvido
con cicatrices de historia.
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Todo lo pasas por alto
y te ríes impasible
de lo bello y lo terrible,
de la nube y del asfalto.
Desconoces que yo salto
del grito a la soledad.
En tu risa —sin piedad—
y tu mirar me acorralas:
estos amores dan alas
pero quitan libertad.
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El collar de manos apretando
ya casi trabará pulgares en tu nuca,
y el viento hará herrumbre ese broche
durante la eterna vigilia
para que no pueda liberarte
el beso en la mañana
ni la magia del sol con sus llaves.
Del collar nos sujeta como a perros salvajes,
del collar… y lo hala,
porque al otro lado, en el abismo,
tiene que sostener la fría lápida
que amenaza con precipitarse
y cambiar el espejo que usas como rostro
en pequeños cristales,
rotos como las tormentas, rotos.
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La huída más certera se hace hacia adelante
porque hacia atrás se huye
de lo que no se busca y de la cobardía,
pero si lo que sigue es el espejo gris
de la vida pasada,
y sólo se permite el paso a las imágenes,
se construyen dos alas con fragmentos de sueños
rotos o de recuerdos;
si no alcanzaron pues nunca son ni fueron bastantes,
se transforman los hombres en oscuros cadáveres
y se deja en las manos o en la imaginación
de aquellos que conceden con gran amor la muerte
el paso a las fecundas tierras de los espejos:
para estar en lo eterno
es mucho más seguro que alas de imposible,
que ocultarse en cavernas
oscuras de unos ojos cerrados con gran fuerza.