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Esmir GarcÉs Quiacha
________________________________________________________________________________________________________ Para hacer volar un cuervo, primero pienso en el aire. Un pequeño punto en el horizonte, como un grano de trigo o una semilla de cualquier fruto. Un punto es la nada, esa misma fuerza que hace abrir la almendra en la tierra. Y luego, doy paso a la imagen y nace de la cáscara el pájaro. Aletea como señal de vida, escapa de la misma palabra y su cuerpo flota entre el mar invisible. Nada sorprende al ave: grazna porque sabe que en las páginas siguientes habitan otras aves.
________________________________________________________________________________________________________ En la página en blanco, el cuervo tiene su propio mundo y no depende de la mano del poeta. Una estela de palabras hace temblar el aire. Nada detiene su mirada, el vacío tiene su propio vértigo. La gramática va tazando su vuelo. El tiempo es un árbol de sonidos y palabras en el corazón del ave que palpita en la hoja.
________________________________________________________________________________________________________ Sobre mis hombros cuatro cuervos descargan su furia, clavan sus garras en la carne. Estoy acostumbrado a estos pequeños dolores. Les he cortado las plumas de sus alas para que no se apoderen del cielo, para que recorran con sus saltos desvalidos todo el apartamento. Les hablo a cada hora, les traduzco un poema de Dane Zajc, les canto en latín con la primera herida del día, y ellos encienden sus pequeños soles queriéndome atrapar en su universo.
________________________________________________________________________________________________________ Todas las noches dibujo una jaula distinta. Línea tras línea, barrote tras barrote. Este ejercicio lo sé de memoria, lo aprendí en la infancia con mis abuelos y lo perfeccioné en la escuela. Lo puedo repetir cuantas veces quiera; me es fácil, poseo la destreza de encerrar los espacios, de asignarle sus colores y sus ambientes. Sólo me ha parecido difícil que los cuervos entren en la jaula.
________________________________________________________________________________________________________ De la puerta para adentro, el café se derrama en el fuego, el gato maúlla en mis pies y pide su ración de carne, la ropa sucia permanece regada por todo el apartamento, el televisor recibe una señal en mal estado, la jaula permanece suspendida en el mismo lugar. Hace veinticuatro horas hubo un ave dentro de ella, no la exime de seguirse llamando jaula. En la cama como en la ducha todavía huele a sexo.
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