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CALDAS

 

 

ÉDGAR   TREJOS
Nacido en Riosucio, Caldas, Colombia. Licenciado en Español y Literatura en la Universidad de Antioquia. Coordinador de Programas Pedagógicos en la Casa de Poesía Porfirio Barba Jacob de Antioquia.
Ha publicado en revistas literarias del departamento y el país. Cofundador y codirector de la revista Poética, de divulgación literaria, y de la publicación periódica de poetas en el panorama literario del país El Son del Viento. Jurado del Premio Nacional de Poesía Porfirio Barba Jacob (2002-2004).
Libros de poemas “La casa del frío”, “Alas para la noche”, “Fuego en el altar del día”, “Coros del amanecer” (para jóvenes), “Poemas ganados a una infancia perdida”(para niños), “Escriviviendo en la escuela” (para niños), “Apuesta por el alba”, “Habla vida”. Narrativa: “Promesas en la oscuridad” (cuentos), “Sangre en tus ojos”(cuentos), “Diario de sobrevivencia -Relatos de un corazón conquistado”, “Palabras profanas”, “El viento y yo éramos enemigos” (novela infantil), “La canción de los telegramas” (cuentos Infantiles).

Correo electrónico: etreve@hotmail.com

 

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Los poetas

Un  corazón  salvaje  somos,
exploradores del último paseo,
luz de corta vida que ancla su aleteo.
Un rostro atiborrado de lisonjas,
una mirada dolida, sin reglas,
buscando un eterno verano entre lectores;
un lenguaje de sobreviviente
entre los oleajes del alma sometida,
día tras día así vivimos.
Asustados por la estación del olvido sobre todo
un gesto procuramos, otro espíritu,
un vívido eco del tiempo de gloria conquistado
a  punto siempre de decirnos algo
no importa a veces que ya tarde.

Pero la inundación del miedo es intensa:
Hay que desafiar los grandes sueños
estar atentos y acudir a la cita del ser
en la espera de  un turno, el verdadero,
—esa breve puerta en donde te encuentras o te pierdes
en un solo momento de pavor o éxtasis—.
Porque no sentir nada ante el mar de los días
no descifrar el significado luminoso
el movimiento profundo de las mañanas de esplendor
es equivocar la senda
saborear la falsedad del ímpetu guardado
por no desatar amarras de osadía
o  haber sido nunca lo que amamos.

El sabio ir y venir del corazón crecido para Vivir
con el grande pasaporte de la fe en la palabra
madura la indiferencia por lo inútil de la tribu
impide  volver a ser los torpes de antes
niega las jaulas de la derrota
revela la nueva alquimia de nuestras tierras verbales
nos acerca a Dios
cuando los lugares de esperanza se agotan
cuando no hay dónde ir
al parecer.

Vivir un día
como si el último paseo fuera nuestro,
respirar en la palma de la mano el  cielo que buscamos
sin el peso de las pequeñas certezas del pasado:

Eso queremos.         

 

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Alma  mía

Vive alma mía y busca
entre las ruinas que el viento arrastra
del día
—ese confuso molino que despedaza rostros
ese sueño que jamás dijo tu nombre
esa puerta de Ariadna que se escondió a tu tiempo—
el puente de amor que debiera unirte a todo
la razón eterna de tus secretas alianzas.

Vive y busca
en cada aliento venido hasta tu orilla
en cada gemido modesto
el don del corazón absoluto
que se abre y cierra para respirar un sueño
como una flor visible apenas
como un murmullo entre la piedra.

Alma mía en verdad
no vale la pena estar vivo
si no arrojas de tus campos el cementerio inútil
de quienes beben sólo llanto ajeno
en la descomunal frontera del oprobio
y ríen su sola mezquindad.

 

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Vida

A  Manuela: Por su Vida.

Te dibujo   Vida
en medio de palabras
armo tu mapa de doloroso esplendor
con lo bello que puedo ver
en tus arenas ardientes.
La cima de la verdad se necesita
habitando el pensamiento del poema
un segundo un suficiente segundo
y vivirla quien intenta huella como el último reto
para respirar en los campos de la muerte.
Nada tuyo llevaré
cuando la cita del abismo,
pero dejaré mi más íntima alma
atada al jardín de encuentros forjados
en las horas de luz día tras día
allí donde refugian los gestos su Fe:
esas búsquedas amadas por otro sendero
entre los árboles del tiempo.

Un instante eterno en tus manos soy Vida
un incendio de sangre desata tus soles
 el deseo multiplica células en tus posadas
tu noche quema dulce nuestro ser.
De tus enfermedades que en silencio sepultan
de tu crueldad, de tus tormentas, no reniego,
procuro hacerte sólo apasionada, limpia de pedestales,
habitable para pájaros desvalidos
que su  vuelo aventuran
acusados por murallas de odio:
Esas negras nubes que arrojas
a quienes buscan tu bondad, tu libertad,
un poco de tu voz
Vida.


 
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Habrás  dicho

Te habrás dicho  cuántas veces
para disipar la niebla que los días traen,
negar los vientos de muerte en tu ventana:
Sueña en grande, vuela, vence,
no seas conformista, arrasa,
tira los dados de tu fácil belleza, solemne,
arponea sin cesar tu suerte,
vive la vida, tu vida, la verdadera vida,
no quieras simplemente una vida opaca.
Aúlla en el estilo que a la mayoría desgañita,
olvídate de nimiedades sicológicas
—esas esclusas inútiles que el camino detienen—,
nunca dudes, no sientas, no temas,
sigue las aguas raudas de tu fértil destino,
doblega tu tiempo, no busques retrasado tu espejo:
llegado el momento de decir al mundo quién eres
ni siquiera pienses,
jamás te detengas fuera de ti
y pase lo que pase
—es tanto lo que verán tus ojos de asombro—
está atento siempre
a tu instante de ir con tu soledad
ese íntimo encuentro decisivo
donde tu Caronte propio  hablará.

Te habrás dicho
cuántas veces, solvente:
Hoy empieza la Vida una vez más,
un nuevo fulgor para tu baraja de pedagogías de punta…
Pero ya estás muerto,
¿no sabías?

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Esplendor que despierta

Cuando también para Ti
las noches comiencen al alba:
tus ojos y mis ojos
(viejos pájaros ciegos
de alas amarradas desde antes)
tanto tiempo sin cielo ni destino,
sin casa conocida entre cercas de desesperanza;
tus ojos y mis ojos sin camino
(nuestros ojos de fósforo de rabia
cuencas desorbitadas a punto del incendio)
las calles surcarán,
cruzarán inmensas de odio
como sonoras fogatas
la desolada habitación que obligan hombres de poder.

Hazte a un lado entonces
no permanezcas conmigo
—faro sumiso—
ahogando entre dientes esta furia callada
luz sacrificada en los ropajes que el día nos presta.

No me hables de tus tumbas,
de tus afanes sin alivio.
No modules con miserable torpeza
tu permanente agonía.
No esgrimas la negra lista de prestamistas de abalorios
que manchan el alma de la Vida
entre los que te cuentas con tus manos.
No te acerques al inestable arcoiris
de Este esplendor Que Despierta
una gana de romperlo todo, comenzar de nuevo:
peligrará la predecible jaula
de tus ademanes siempre vendidos.

Próximo a nuestros ojos de avalancha,
si has de guardar un poco tus zapatos
camina seguro con tu viaje,
salvaremos el fragor de tu mirada viva aún
y otra mañana abrigará tu vida
cuando al alba comiencen las noches:
para Ti también.