
EDGAR ALBERTO CAICEDO CUÉLLAR.
Popayán 1966. Licenciado en Literatura y Lengua Española, de la Universidad del Cauca. Gestor cultural y
coordinador del Taller Literario Itinerante Palabras y Notas. Publicaciones: “Las blancas huellas del rocío y otros relatos” (cuentos), Premio departamental de Cultura, Rafael Maya y Fondo Mixto de Cultura, 1997; y el libro de poemas “Muchachas que se tuestan al sol”, Colección Literaria Estuario, 2007.
________________________________________________________________________________________________________
Revelación de lo femenino
La vespertina luz
Entre las ramas de los árboles
Un venado arrebatando a la noche
Sus últimas hojas
El primer canto de un pájaro
Como piedra que cae
En un espejo hechizado
Minutos después
Los pasos en la hojarasca
Un pie adelantándose suavemente
Hacia la orilla del torrente
Y luego su cuerpo
Flotando de cara al cielo
Los blancos senos
Y el adolescente
Entre los arbustos
Contemplando por vez primera
Lo femenino
Las perfectas formas del olvido
________________________________________________________________________________________________________
Retorno
Retorna Gina a la vieja villa de la infancia
Salió un día corriendo por el huerto de su casa
Hacia las afueras del pueblo
Despuntaba el sol y había un olor a menta en el aire
—Un dulce olor a menta—
Recorre lánguidamente las calles
Recuerda que partió del pueblo
Con un cuerpo robusto y firme
Que entregó a un hombre que le aguardaba
Bajo el alto nogal del camino del ferrocarril
Frente al atrio de la iglesia del pueblo
Se detiene a mirar hacia el viejo camino
«Tarde que temprano se entrega el cuerpo a otro» piensa
La imagen del árbol le duele
Ella sabe que el hombre de aquellos días
Está con otra mujer vigorosa como antaño ella lo fue
Sigue hacia su casa
Primero es un punto blanco a la distancia
Más tarde un techo de tejas de barro y puertas azules
Y entre los cogollos de las azaleas su madre
La mujer ha levantado sus ojos hacia el camino
Apresura el paso Gina
En el aire hay un olor a menta
Un dulce olor a menta que crece en el viento
________________________________________________________________________________________________________
Desnudos
Las piernas entrelazadas
Los labios de la muchacha
Entreabiertos en un suspiro
Los redondos pechos
El musculoso dorso del mancebo
Y el viejo tocador en el fondo del cuarto
Guardando en su ovalado espejo
Aquella imagen
Cuántos cuerpos ha visto amarse
El espejo del viejo hotel
Y si le preguntáramos sobre el amor
Contestaría
Por siempre será un misterio
________________________________________________________________________________________________________
Oráculo
Me resigno al combate; poco importa la dura
y negra alternativa que el combate me guarda;
me batiré con sable, con honda o alabarda,
sin esquivar contrarios de gigante estatura.
Guillermo Valencia. Amor Fatí.
Aguardo ahora
La luna teje su aroma de arrayán y roble
En lo hondo de la noche
Fue al pasar por la plaza
Cuando miré tu rostro
Las blancas palomas volaban tras el águila
Y un barco de anchas velas
Esperaba en el puerto mi retorno
Aguardo
Veo tu sombra
Vagar por los secretos jardines de tu palacio
Setenta lanzas ofrecerás por una mujer
En el torneo y la penúltima hará correr tu sangre
Me sentenció el oráculo
Antes que emprendiera el viaje hacia tu patria
No tendré pues tus labios
Tus blancos muslos tu sonrisa
Sólo aguardo el canto del triguero
En la rama del alba
Y la sentencia
El amor es la muerte
Volver
________________________________________________________________________________________________________
Ascendíamos juntos todas las tardes
Ascendíamos juntos todas las tardes
Por el sendero que de niños
Solíamos transitar
Había aún la infancia
Y olor a sorpresa
En la cosas que venían
A nuestro encuentro
Eran gratos los veranos
De esos primeros días de la adolescencia
El verano con los cuerpos desnudos
Entre los arbustos junto al río
Eran gratos los juegos de esos días
Deslizarse sin temor
Entre la hojarasca
De la muda de los robles
O rodar por una montaña
Hecha de lodo
Para luego de tumbo en tumbo
Caer al río
Ascendíamos juntos
Viendo cómo la tierra de los abuelos
Iba tornándose chica
Viendo cómo nuestros cuerpos
Cambiaban y ansiaban otras cosas
Otros caminos
Nada se puede comparar
Con aquello que dejamos en la infancia
Pero hay otros ya
Que juegan entre la hojarasca de los robles